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Foto: tucucu.com

Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor. (Sigue en Jn 20:19-26)
No alcanzo a imaginar esta escena, me quedo expectante tan sólo en pensarlo, lo curioso aquí es que Jesús “les mostró” ¿Y por qué? si él en momentos anteriores les mencionó que moriría y resucitaría al tercer día… Entonces por qué necesitaban “ver las evidencias” Jesús conoció sus corazones, sus pensamientos, y algunos de ellos o todos dudaron, no lo sé sólo me recreo en el texto porque nótese que primero les dice “paz a vosotros” ¡Claro ellos pensaron ver un fantasma! Lo más cercano a ésto era reaccionar así, sus ojos hablaron, el lenguaje corporal fue obvio, pero… Ellos estaban caminando junto a su mentor, junto a su maestro, junto a su amigo. Y por qué dudar, no es lógico atravesar por esto, “se nos olvida algo” ellos cuando aceptaron el mensaje de Jesús siguieron siendo humanos no se sumaron al grupo de “super discípulos” todo en sus vidas fue un proceso, seguían con sus miedos, con sus limitaciones, pero aún así no dejaron de ser el instrumento para expandir el evangelio, el hermoso evangelio.
Fue necesario que Jesús les recordara el propósito para el cuál habían sido escogidos, fue necesario que escucharan “paz a vosotros” palabras de vida llegaba a ellos nuevamente tanto así que se alegraron mucho… Otro personaje en otra escena, sí, Tomás el tan famoso, que ha sido conocido más por cuestionar que por otras cosas, pero bueno no quisiera centrarme en esta acción que es tan humana como verdadera, Tomás fue tan honesto que se atrevió a hacer lo que muchos de ellos no, y aún no fueron capaces de confesar. Se nos olvida algo… Cuándo aprendamos a vernos en los ojos de Jesús él nos recordará que somos polvo, que tenemos limitantes, pero nos mostrará que el débil dirá: “Fuerte soy” pero sólo por la gracia de Dios, ¡Oh divina gracia! Esa que nos motiva, esa que nos muestra siempre el camino correcto a seguir.
Que sea momento de recordar cuánto nos falta para parecernos al maestro, que se haga necesario recordar sus palabras.
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